Cuando vemos que los elefantes mueven sus orejas no están espantando a los insectos (poco podrían hacer sobre esa piel tan gruesa) sino que están enfriando su cuerpo. La sangre que circula por los capilares de las orejas se enfría con el movimiento, y pasa al torrente sanguíneo apagando el calor del resto del cuerpo. Es una sistema muy necesario para estos animales pues su relación volumen-superficie es la mayor de los animales terrestres, lo que les dificulta muchísimo disipar el calor por la piel.
En África, el calor y la falta de agua han obligado a los elefantes a maximizar este efecto refrigerante mediante unas orejas grandes y finas. De este modo, la rama asiática y la africana son fácilmente distinguibles por sus orejas, unas cuatro veces más grandes en el caso de la segunda.
Otro ejemplo de lo comentado, no tan espectacular, también se aprecia en los conejos: las razas del norte de Europa tiene las orejas ostensiblemente más pequeñas que las de los conejos de latitudes más cálidas, como las españolas e italianas.
En África, el calor y la falta de agua han obligado a los elefantes a maximizar este efecto refrigerante mediante unas orejas grandes y finas. De este modo, la rama asiática y la africana son fácilmente distinguibles por sus orejas, unas cuatro veces más grandes en el caso de la segunda.
Otro ejemplo de lo comentado, no tan espectacular, también se aprecia en los conejos: las razas del norte de Europa tiene las orejas ostensiblemente más pequeñas que las de los conejos de latitudes más cálidas, como las españolas e italianas.





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