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Versión: Baidi441

Dadaísmo

Rechazar la Cultura Haciendo Cultura

Dadaísmo: Rechazar la Cultura Haciendo Cultura


 

Dadaísmo: Rechazar la Cultura Haciendo Cultura
El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas. (Arturo Graf)


El inicio de la Primera Guerra Mundial provocó el exilio a la cuidad europea de Zurich, en la neutral Suiza, de muchos artistas de distintas disciplinas (pintura, poesía, literatura, escultura...) que huían de las circunstancias que, a golpes, imponía la sinrazón. La realidad, a la que se enfrentaba la sociedad de ese tiempo, llegó forzada por el intrincado nacionalismo, detonante de la más bárbara conflagración hasta entonces conocida. Tal es así que una sola batalla dentro de la guerra podía ocasionar la muerte de 750.000 soldados (batalla de Lemberg). Sin duda, algo distinto estaba llegando, algo nunca visto hasta entonces.

En abril de 1.915, cuando había transcurrido un año desde el inicio de la Gran Guerra, se comienzan a utilizar los devastadores gases tóxicos, de efectos demoledores entre las tropas ante la insuficiencia de medios para protegerse. La guerra de trincheras, el empleo masivo por primera vez de carros de combate, la intervención de la guerra submarina, de forma evidente, provocaron que esa nueva forma de lucha contribuyera a que las cifras de las víctimas directas del conflicto, cuando llegó por fin la paz, superase los 37 millones de muertes. La cifra que es de por sí espeluznante, se amplia a algo más de 9 millones de defunciones de civiles, de lo que ahora llaman daños colaterales. El mundo no estaba preparado para asumir la derrota moral y ética que supuso ese daño que la Humanidad se infligía a sí misma. Si el Mundo no era capaz de hacerse dueño de ese desgraciado patrimonio, los artistas que se encontraron en el exilio suizo, no lo fueron menos.

Alrededor del “Cabaret Voltaire”, una especie de night club literario, organizado por Hugo Ball a comienzos de 1.916, se dieron cita esos artistas que, quizás incapaces de abstraerse de la locura de la guerra, intentan hacer un planteamiento diferente, que les salve al menos de la iniquidad y de la perfidia que componen los actos del mundo que les rodea. La culpa de los males que condujeron a la barbarie, señalaban al racionalismo burgués que dominaba la estructura de la sociedad. Ni la filosofía ni el arte respondían, con serenidad o sin ella, a la necesidad de forjar una alternativa plausible que hiciera posible la escapada, o por lo menos, que abriese un espacio liberador que dejara respirar.

La unión de todos esos hombres se conoció con el nombre de Dadá. Un grupo de artistas que intentó escapar de la frustración, a través de una  singular y revisada mirada del arte.

Aún hoy, la razón que les condujo a llamarse Dadá, a ser Dadá, son inciertas. Se dice que Tristan Tzara, un buen día, abrió al azar un diccionario y puso el dedo allí donde el destino quiso que se detuvieran las páginas. Y fue allí, en la palabra Dadá, que en francés viene a significar caballo de juguete, pero que en realidad puede no significar nada y puede tener un significado absoluto. Estupendo resumen del carácter del grupo. Otras fuentes indican que fueron el propio Hugo Ball y Richard Huelsenbeck los que encontraron, también de forma casual, dicha palabra en un diccionario francés-alemán. Para Huelsenbeck, lo que expresa el vocablo es “el primitivismo, el principio en cero, lo nuevo en nuestro arte”.
 
Las palabras de Hans Arp, otro miembro del grupo, nos dan una idea más aproximada del propósito del dadaísmo: “mientras el tronar de las baterías retumbaba en la distancia, nosotros pintábamos, recitábamos, versificábamos y cantábamos con toda nuestra alma. Buscábamos un arte elemental que según nosotros salvaría a la humanidad de la furiosa locura de aquellos tiempos. (...) Aspirábamos a un nuevo orden que pudiera restaurar el equilibrio entre el cielo y el infierno. Poco a poco, este arte se convirtió en un objeto de reprobación general. ¿Acaso es sorprendente que los “bandidos” no pudieran comprendernos? ”

Y es que Dadá fue rápidamente motivo de interés, expectación, sorpresa, indignación... para convertirse, con el tiempo, en lo que se considera como el movimiento de ruptura más radical del arte contemporáneo. Inventan la poesía abstracta, intentando llamar la atención. Pero su arte no tiene limitaciones disciplinarias, en pintura podemos encontrar collages o una mejora de la técnica con el surgimiento del fotomontaje, de mayor fuerza visual y que acerca con mejor tino la realidad. Además, incorporan de esa manera nuevas técnicas para difundir las ideas entre las masas. Recordemos que los dadaístas se impusieron como firme propósito alejarse de antinaturalismos, trascender la política atacando al nacionalismo político. Y a la política misma. Y a todo.

Se les acusó y criticó por haber adoptado una postura que, en cierto modo, parecía contradecir su planteamiento inicial: si estaban en contra del mundo construido, ¿qué hacían exhibiendo y vendiendo sus obras a ese mundo? Es obvio que nos encontramos ante la disyuntiva de siempre. Parece difícil mostrar un mensaje desde debajo de la cama, parece complicado no depender de los demás para mantenerse vivo. Los dadaístas propugnaban el colapso de la sociedad y del arte, sabiendo que dependían de ambos.

De hecho, no solo fueron simples críticas lo que se desprendía de sus actuaciones. Recordemos uno de los momentos más esplendorosos del movimiento Dadá...

...Corre el año 1.919, en Alemania, el Dadá no se conforma con divulgar, a las puertas de las fábricas, un diario radical antipatriótico (Der Ventilator), además organizan exposiciones en lugares poco usuales, como en el patio de una cervecería al que se accedía tras pasar por los lavabos. En la entrada, una joven, vestida con traje de primera comunión, recita poemas obscenos. En la puerta, se puede ver una escultura de madera de Max Ernst, que tiene clavada un hacha, con una tarjeta en la que se invita a aquél que quiera a destrozarla. La policía hizo comparecer a los organizadores, entre los que se encontraba el propio Ernst. Se les acusa de fraude sobre la base de que exigían un pago a una exposición de arte que claramente nada tenía que ver con el arte. Ernst replicó: “Dijimos con meridiana claridad que se trataba de una exposición Dadá. Dadá jamás ha afirmado tener algo que ver con el arte. Si el público confunde a los dos, no es culpa nuestra”.

Ya lo habían afirmado, así es, no se cansaron de escribir manifiestos donde podían decir: “Escribo un manifiesto y no quiero nada; sin embargo, digo algunas cosas, y en principio estoy en contra de los manifiestos así como estoy en contra de los principios” (Tristan Tzara), o “Silbad, gritad, rompedme los dientes, ¿y qué? Aún os diré que sois unos retardados. En tres meses, mis amigos y yo os venderemos nuestros cuadros por unos pocos francos” (Francis Picabia).

Dadá intentaba ser innovador, excitante, trasgresor. Hasta el punto de que Tzara exigiera, sobre el escenario, poder mear en distintos colores, a la vez que Ball recitaba un poema abstracto desde dentro de un cilindro ajustado de cartón azul brillante, vestido con un sombrero de brujo, con franjas azules y blancas. El auditorio declama en sonoros aplausos y risas. “Lo que estamos celebrando es a la vez una bufonada y una misa de réquiem...” 

Pero los dadaístas no pretendían únicamente convertir el escenario en un circo, ese detalle era secundario. Picabia, otro miembro del grupo dejó dicho: “Siempre estáis buscando emociones ya sentidas, del mismo modo que os gusta rescatar de la tintorería un viejo par de pantalones que parecen nuevos cuando se les mira sin mucha atención. Los artistas son tintoreros; no os dejéis engañar por ellos. Las obras de arte no están hechas por artistas, sino simplemente por hombres”.

En muchas ocasiones, al dadaísmo se le ha considerado como preámbulo del surrealismo, lo cual, y por lo visto, no concuerda con la realidad. Sobre todo porque sus objetivos, su fundamento y las causas que lo conformaron como movimiento, eran distintos.

Contemplando alguna de sus obras, como muchos de sus fotomontajes, se pueden comprender mejor las tendencias que tiempo después se han ido imponiendo, por lo general alejadas del espíritu y del mensaje que este grupo de hombres quiso trasladar al mundo. No es difícil reconocer la esencia de algunas de las imágenes que se utilizan ahora en publicidad: el impacto visual, el mensaje directo. La diferencia es que la publicidad intenta vender productos, nunca ideas, nunca pensamiento.

Bibliografía:
→ Dadá and Surrealism. Dawn Ades. 1.974

→ Dada painters and poets. Robert Motherwell. 1.951

→ Dada à Paris. Michel Sanouillet. 1.965

Artículo publicado en www.actuallynotes.com

Comentarios

Mi comentario

¡Ah! Siempre es un deleite leer una reseña al respecto del Dadaísmo, y esta aborda algunos puntos casi obviados anteriormente.
Quería agregar que en cuanto a lo mencionás sobre el encuentro de Tzara del volcablo "Dadá", lo realizó de modo tan azaroso como es colocar un cortaplumas sobre un Larousse y dejar que la palabra encuentre un envión que la haga aflorar.
Creo que principalmente, debemos centrar nuestra atención sobre los acontencimientos políticos y sociales que se llevaban a cabo al emerger este movimiento artístico. Como todo gran bloque desestabilizador en el acontecer humano, existen anteriores presagios a tal surgimiento.
Recordemos, a este respecto, los folletos anarquistas, antiliterarios y antirracionales que circulaban de la mano de algunos intelectuales en grandes centros urbanos (algunos ejemplos: 241, dirigido por M. Duchamp en Nueva York o Nord-Sud de la mano de Apollinaire, Reverdi y Jacob).
De forma indiscutible, el Dadaísmo surge como reacción contestataria a las enormes modificaciones sociales y culturales habidas durante la post guerra.
Negación absoluta de formalismos, la desestructuración academicista y falta de valor en las presentes normativas artísticas que sumergían a la razón a simple intercambio de suceso desestabilizador -espectador pasivo.
Dadá quiere participar, insta a quienes se sientan agradados con dicho dogma a tomar una activa inclusión, no solamente para "envolver y calmar" el vaciamiento producido por la Primera Guerra, sino como deshinibido atacante radical a un sistema fundado sobre las bases de cálculos inhumanos. De ahí, que el absurdo, revista una importancia tan efusiva, como reveladora en los momentos de iniciar batalla contra los conformismos.
Mario de Micheli afirma:

"Había en estos hombres una imposibilidad de condescendencia. Eran y querían ser irreductibles. [...] Querían ofender la sociedad en que vivían, querían subvertirla porque no la podían aceptar."

Si bien el movimiento artístico se acribilló a sí mismo, sin poder ver hoy grandes influencias en estilos posteriores, sirvió como revolución fundamental de ideas y sentimientos, que, a mi parecer, guiaron las siguientes intenciones en el Arte.
Un gusto tu artículo.

Última modificación: 21/04/2009 16:45
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Carlos Bermejo
Carlos Bermejo
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Última modificación: 04/05/2009 13:03.

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