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| Calle en La Habana |
La ciudad hispanoamericana
"Y cuando hagan la planta del lugar, repártanlo por sus plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor, y sacando desde ella calles a las puertas y caminos principales, y dexando tanto compás abierto que aunque la población vaya en gran crecimiento, se pueda siempre proseguir y dilatar en la misma forma".
(Ordenanza de Carlos V, 1523)
En contraste con la forma de las ciudades europeas, en el urbanismo hispanoamericano es de destacar la reiteración de una forma clara y geométrica de trazado urbano, el cual ha condicionado en gran parte la fisonomía urbana del continente, caracterizada por el orden y la racionalidad de su organización básica.
La repetición de diversas características en la estructura de las ciudades puede hacer pensar en la existencia de un "modelo de ciudad" previo. Hay que advertir que no existió un patrón explícito anterior a las fundaciones; se trata más bien de la convergencia de ciertas características modélicas precedentes, asumidas implícitamente, aunque existió una normativa urbanizadora que se materializó en la instrucción a Pedrarias Dávila (1513), la Ordenanza de Carlos V de 1523, y posteriormente, las Ordenanzas de Población de Felipe II de 1573, entre otros. En el llamado “modelo clásico de la ciudad hispanoamericana” coinciden las siguientes características:
- Trazado geométrico, a cordel.
- Las calles rectas se cortan formando manzanas trapezoidales (retícula), rectangulares (retícula ortogonal) o cuadradas (cuadrícula). Este último caso, quizá el más numeroso, conocido y representativo, es el que ha dado lugar al término "cuadrícula española".
- Una de las manzanas centrales queda libre de edificación y convertida en plaza mayor. La plaza mayor es un elemento estructural básico y generador de la ciudad que se organiza en torno a aquélla. Es el centro de la ciudad, lugar de encuentro para todas las funciones sociales, oficiales o de esparcimiento.
- El modelo de ciudad incluye una forma típica de parcelación. Consiste en dividir las manzanas en cuatro partes cuadradas iguales. Las parcelas que rodean la plaza son ocupadas por los edificios de la administración civil y religiosa. Las más próximas a ella son las destinadas a los conquistadores y a los principales funcionarios de la ciudad, tal como establece la instrucción de Fernando el Católico a Pedrarias Dávila de 12 de agosto de 1513.[1]
Cuando decimos La Habana Colonial nos estamos refiriendo a una pequeña sección de la ciudad de La Habana, conocida como La Habana Vieja, sobre la que se asentaron los primeros colonizadores españoles. Realmente el término debería incluir mucho más de la ciudad y también otras ciudades y pueblos en la provincia, pero es en La Habana Vieja donde existe la mayor concentración de edificaciones.[2]
Se podría hacer una breve referencia a los asentamientos anteriores a la fundación de Habana, en su emplazamiento actual, la ciudad tuvo, entre 1514 y 1519, por lo menos dos asentamientos distintos: el de 1514, que en uno de los primeros mapas de Cuba, el de Paolo Forlano de 1564, sitúa la villa en la desembocadura del río Onicaxinal, en la costa sur de Cuba: otro asentamiento en La Chorrera, que esta hoy en el barrio de Puentes Grandes, junto al río Almendrales, que los indios llamaban Casiguaguas, donde los fundadores trataron de represar las aguas, conservándose en la actualidad los muros de contención de esta obra hidráulica, la más antigua del Caribe.
No es de extrañar que el desarrollo constructivo fuera casi nulo en la primera mitad del siglo XVI, a pesar de la Real Cédula del 4 de mayo de 1534, por la que se ordenaba a los vecinos con indios encomendados que construyeran casas de piedra. En 1540, los procuradores de las primitivas villas se dirigen al Rey exponiéndole las dificultades que obstaculizaban el cumplimiento de la disposición y solicitan autorización para construir casas de maderas y tejas, pues, de lo contrario, tendrán "... por mejor dexar los yndios y la tierra que ponerse en hazer casas [...]", ya que "... no estar la isla en estado dello, fuera a esta ciudad (Santiago de Cuba) mas de las tres partes están hecha de teja y las paredes de palmas que son muy recias [...]."
Y el último asentamiento, fue la sexta villa fundada por los españoles en la isla llamada San Cristóbal de la Habana por Pánfilo de Narváez: San Cristóbal, tal vez porque este gigante santo cruzaba los ríos apoyado en una palmera a modo de bastón, y Habana, nombre de oscuro origen, que puede venir de Habaguanex, nombre del cacique indio, señor de aquellas tierras, citado por Diego Velázquez en su relación al rey de España.
El Templete
Existe un recuerdo para este sexto y último asentamiento. En una de las plazas de la ahora llamada Habana Vieja, la Plaza de Armas, cuya grandilocuente arboleda la rellena ofreciendo un paisaje muy natural, sobre la que numerosos “cazaturistas” buscan una ayuda, en la que numerosos restaurantes, casas de puros y de licores ofrecen sus productos a los que llegan allí, y que fue en la epoca colonial el centro de la vida oficial y publica de La Habana, se alza un monumento llamado El Templete[3]. En su columna conmemorativa hay una inscripcion en latín, casi borrada, que traducimos como sigue:
"Detén el paso, caminante, adorna este sitio con un árbol, una ceiba frondosa, mas bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fue inmolado solemnemente en esta ciudad el autor de la salud. Fue tenida por primera vez la reunión de los prudentes concejales hace ya mas de dos siglos: era conservado por una tradición perpetua: sin embargo, cedió al tiempo. Veras una imagen hecha hoy en la piedra, es decir el ultimo de noviembre en el año 1754".
Ésta es una columna conmemorativa de la fundación de la ciudad que fue erigida por el gobernador don Francisco Cagigal de la Vega en 1754, cuando la ceiba no pudo sostenerse mas, ya que la inscripción da fe de que en ese lugar la hubo y que bajo su sombra se celebró la primera misa y el Cabildo recibió la guarda y custodia de los fueros y privilegios de la villa de La Habana, según costumbre y usanza de las leyes de Castilla.[4]
En 1519 Hernán Cortés sale de La Habana con la empresa de la conquista de México. Este siglo también se caracterizó por los frecuentes ataques de piratas y corsarios- La Habana fue atacada en 1538 y 1555 y Santiago de Cuba en 1554-, por la construcción del acueducto de La Habana y su elevación al rango de ciudad en 1592,
Antiguas Murallas de la Habana
La Habana resurgió en varias ocasiones de los escombros y cenizas a que la reducían de cuando en cuando los piratas y corsarios franceses durante la primera mitad del siglo XVI, hasta que en 1561 la Corona dispone que la ciudad sea el lugar de concentración de las naves españolas procedentes de la colonias americanas antes de partir para la travesía del océano.[5]
Tras la fundación de las primeras villas a comienzos del siglo XVI, la población de la mayor de las Antillas decreció y la isla quedó reducida a un trampolín para la conquista de Tierra Firme. La privilegiada posición geográfica de La Habana le permitió recuperar y ganar importancia entre 1580 y 1630 al organizarse el sistema de Flotas, que usaba su bien protegido puerto como punto final de reunión antes de saltar el Atlántico llevando a España las riquezas de América.
Puerto de la Habana en 1567
La Habana empieza a desarrollarse a partir del mar, desde el mismo momento en que se define un recorrido para la flota española. Esto constituyó un sistema defensivo móvil, lo que ofrecía una seguridad mínima para el asentamiento, dados los elementos existentes de la flota y sus guardianes[6]. La flota de España se reunía en el puerto de la ciudad proveniente de las Indias para partir hacia la península consiguiendo así una mayor protección de los ataques de corsarios y piratas. Surgió por tanto como servicio a la flota de España, de eso vivía la ciudad, lo cual constituye un factor importante que marca el desarrollo de la ciudad.
En las Actas Capitulares de La Habana y en los Protocolos de Escribanos se hace referencia entre 1558 y 1588, de la existencia de 10 albañiles, 6 canteros, 1 maestro de obra, 2 tapiadores, 2 herreros, 12 carpinteros, 17 carpinteros de rivera, 2 torneros y 5 plateros. En total 57 artesanos, que representan una fuerza de trabajo considerable. Durante estos años se comerciaron multitud de solares por el cabildo habanero, alcanzándose la cifra más elevada --125 solares-- entre 1573 y 1578, con un máximo de 59 en 1575. Desde 1576 se intentó prohibir la fabricación de casas techadas con guano (excremento animal), pese a que en la práctica fue imposible hacer efectivas las medidas tomadas con tal finalidad.[7]
Debido a su condición de puerto de paso hacia la península o hacia las Indias, se proyecta un sistema de fortalezas lo que hace que La Habana se convierta en una de las ciudades de más protección. Aunque se decidió demoler la muralla al producirse la expansión de la ciudad, aún quedan restos de lo que fue la protección por tierra de la ciudad.
Las formas que da el sistema defensivo permite visualizar la evolución del mismo, el Castillo de La Fuerza con forma de polígono (estructura medieval con el foso), y su estructura interna con influencia renacentista. El Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, Siglo XVI-XVII, mantiene el esquema de polígono, su característica principal es la adaptación a la topografía del terreno, por lo que tiene diferentes líneas de fuego. Posteriormente se construye La Punta, y una cadena cierra un tiempo la entrada de la bahía, tiene el mismo esquema en planta que las fortalezas que se dan en América Latina como Puerto Rico por citar un ejemplo.
Un tema importante es la arquitectura religiosa, este tipo de arquitectura toma auge en el Siglo XVIII. El convento o iglesia de San Francisco tiene en su espacio una influencia barroca, aunque en algunos casos esta arquitectura tiene una influencia mudéjar. Se construyen además grandes edificaciones dedicadas a los conventos, como por ejemplo el Convento de Santa Clara de una estructura monumental que abarca dos manzanas, pero el punto culminante de la arquitectura religiosa lo constituye la Catedral de La Habana. Se produce un movimiento en la fachada de entrantes y salientes que expresa la influencia barroca mientras que en el interior se desarrolla una planta basilical.
Según Ada Esther Portero Ricol, profesora de la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico "José Antonio Echeverría"[8], en el desarrollo de la arquitectura colonial, el efecto más interesante es el que se da en la evolución de la vivienda pues puede apreciarse claramente el proceso de adaptación del criollo a las condiciones del lugar. El propio hecho de que la arquitectura responde a diferentes grupos sociales o variantes regionales dentro de un esquema común es muestra de este proceso de formación de la identidad en la arquitectura del cual es un reflejo la expresión de la influencia hispano mudéjar. Se dan elementos que armonizan la fachada como es la fenestración, cubiertas inclinadas a dos aguas con tejas de barro criollas, aleros de tejaroz que caracterizan la vivienda cubana del siglo XVIII. Los balconajes tienen un desarrollo importante a medida que la ciudad se va compactando, aparecen edificios de dos plantas, factor que se da en toda la ciudad. Cuando aparece el hierro como material de construcción muchos de los antiguos balcones de madera se sustituyeron para usar el nuevo material.
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| La Habana en 1961 |
El 6 de junio de 1762, al alba, apareció una impresionante armada británica, con más de 50 navíos y 14.000 hombres. Para tomar la ciudad, los ingleses tuvieron que rendir el Castillo del Morro, defendido por una decidida guarnición al frente del capitán de navío Luis de Velasco y el Marqués Vicente Gómez. La Habana cayó tras dos meses de sitio. Sir Georges Keppel la gobernó durante un año, hasta mediados de 1763, fecha en la que los británicos devolvieron La Habana a los españoles, a cambio de Florida. A este período se remontan la libertad de comercio y la de culto.
En la segunda mitad del XVIII se impulsó la economía con la breve dominación inglesa, que abrió los ojos de los criollos sobre el freno impuesto por España al desarrollo. El capital financiero nacional buscó dónde invertir las ganancias extraídas al azúcar y al tabaco, y comenzaron los repartos de fincas que pasaban así de rústicas a urbanas, con lo que la ciudad de extramuros se extendió desde el reparto de Las Murallas hasta la Calzada de Belascoaín.
A mediados del siglo XVIII, La Habana tiene más de 70.000 habitantes, y en 1763 se comenzó la construcción de La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, la mayor de las construidas por España en el Nuevo Mundo, que apuntaló el sistema defensivo de La Habana tras la ocupación inglesa. Las obras se prolongaron por más de once años y con un costo tan enorme para su tiempo que se dice que Carlos III, Rey de España se asomó a la ventana de su palacio con un catalejo para que le indicaran dónde se encontraba tan cara construcción. Contaba con un elevado número de cañones fundidos en Barcelona en el siglo XVIII, que siguen guardando simbólicamente la entrada de la Bahía de La Habana.
A finales de este siglo, en 1774, la población de Cuba era de 172 620 habitantes: 96 440 blancos, 31 847 negros libres y 44 333 negros esclavos. La producción de azúcar llegó para el año 1795 a las 14 000 toneladas. Entre 1789 y 1790 se divide la diócesis de Cuba: se erige en catedral la Iglesia Mayor de La Habana mientras que la antigua mitad permanece en Santiago de Cuba.
Plano de La Habana de 1746
Desde finales del XVIII y en la primera mitad del XIX, Cuba, y en especial La Habana, tuvieron un notable florecimiento con el paso de la economía de factoría (orientada al autoabastecimiento) a la de la plantación, dirigida a la exportación. Esto se tradujo en edificaciones más ricas y perdurables, donde las diferencias de estatus se hicieron más evidentes. Los sectores pobres empiezan a asentarse en los barrios de Guadalupe y Jesús María, al Sur del recinto amurallado; y a lo largo de los ejes que conectaban la ciudad con su fértil entorno rural.[10]
Uno de estos ejes que salía hacia el oeste, la Calzada del Cerro tuvo mucha relevancia arquitectónica a mediados del siglo XIX, con la proliferación de lujosas villas neoclásicas con portales y jardines- que sustituyeron al palacio barroco con paredes medianeras y patio interior insertado en la trama compacta de intramuros, un modelo que había tenido su expresión mas alta a fines del XVIII alrededor de las plazas principales. La nueva tipología del Cerro se extendió por los barrios del Pilar y Puentes Grandes, y constituyó el hábitat del patriarcado criollo que ya empezaba a diferenciarse y pronto se opondría al dominio colonial.
En definitiva, la ocupación española en La Habana la hizo crecer bajo la influencia europea y occidental, pero las aportaciones fueron mutuas, ya que esta ciudad al igual que muchas que se crearon en la época colonial, tuvieron un protagonismo fundamental en el proceso de control del espacio americano por parte de la metrópoli, cumpliendo las siguientes funciones:
• Base de aprovisionamiento.
• Factoría comercial de intercambio.
• Cabeza de puente para penetraciones más profundas en el territorio.
• Centro administrativo local y regional.
• Elemento de sometimiento y fijación de la población indígena.
• Polo de concentración de actividades de toda índole.
• Foco de control de la propiedad del suelo.
• Núcleo difusor de una forma de vivir traída del otro lado del Atlántico.
Las ciudades fueron, desde el principio, los centros neurálgicos de todas las divisiones administrativas del territorio hispanoamericano y en ellas sitúan sus sedes todos los organismos civiles y eclesiásticos. La Habana fue una de las primeras ciudades con estas características.
La época colonial – Siglo XIX
El siglo XIX se abre con la llegada a La Habana de Alejandro von Humboldt, científico y geógrafo alemán, quien queda impresionado por la vitalidad del puerto habanero[11]. A lo largo del siglo, La Habana se enriquece con centros culturales, como el teatro Tacón, uno de los más lujosos del mundo, el Liceo Artístico y Literario, el teatro Coliseo... A pesar de que había recibido desde muy temprano algunas mejoras de la civilización moderna, durante el siglo XIX la Habana era prácticamente una ciudad detenida en el tiempo. Estaba estancada, aplastada por la escasa visión del colonialismo español. La Ciudad de la Habana había sufrido un proceso de expansión en que a la estructura en cuadrícula del casco antiguo se opuso una organización territorial basada en el trazado de las calzadas, y en cuanto a materiales, algunas calles fueron pavimentadas con macadán, sistema que entonces representaba un avance con relación a otros utilizado en la misma capital, los cuales mantenía las calles en mal estado.[12]
Puerto de la Habana, siglo XIX
La Habana decimonónica desde el punto de vista de sus componentes estéticos, se caracterizó por el uso indiscriminado de recursos formales neoclásicos y barrocos mezclados con los elementos aportados por los constructores locales en respuesta a los requerimientos del clima y a las actividades económicas propia de la colonia y que convertidas ya en tradicionales fueron sancionadas en las propias ordenanzas de construcción.[13]
Se realizó un ambicioso programa de calificación de los espacios públicos en los años 1827-1840, en el que se realizaron numerosas avenidas entre las que destacan el paseo Isabel II (actual paseo del Prado) y el paseo de Tacón (posteriormente Carlos III y actualmente avenida Salvador Allende). El paseo de Tacón prolongaba la Calzada de la Reina en un gran eje en dirección Este-Oeste, anticipando los bulevares que más tarde cortaría Haussmann en París, con la misma intención represiva que permitía mover rápidamente las tropas del Castillo del Príncipe para sofocar una eventual rebelión en la capital, y su trazado recto facilitaba el uso del cañón. Todo esto se enmascaraba tras la creación de un marco representativo para paseos y desfiles, caracterizado por los altos portales continuos, de origen vasco, identificadas estas estructuras con las actividades comerciales. El portal se impondrá también en las zonas de vivienda, como elemento arquitectónico obligatorio, aunque limitado al uso privado aunque es un elemento público, ya que las calzadas y avenidas constituyen un factor básico de la fisonomía ambiental de la Habana. También se introdujo la pavimentación de calles con el sistema Mac Adam (macadán) y se construyeron teatros, hoteles, cafés y comercios. Con este sistema de pavimentación, se conseguía una superficie más lisa, y con la introducción de bordillo, se facilitaba notablemente las labores de limpieza.
A partir de 1817 se establece una reglamentación para controlar el trazado urbano de extramuros, norma fijada por Antonio María de la Torre, estableciendo las dimensiones de las cuadrículas y de las calles en las zonas comprendidas entre Prado, Reina, Belascoain y el Litoral. A medida que la ciudad se expande, en 1850, la ciudad llega a la calle Galiano, en 1870 sobrepasa la calzada de Belacoaín y en 1900 alcanza la calzada de Infanta. El esquematismo es sustituido por normas más estrictas y detalladas, pero éstas no establecen indicaciones con respecto a la zonificación, ya que siempre se hace referencia al contexto de las edificaciones cercanas. Alrededor de 1830 se había producido un reordenamiento de la estructura rural habanera, ya completamente explotada, que se vinculó con la capital a través de una infraestructura de caminos, calzadas, puentes y finalmente el ferrocarril, establecido en 1837. A mediados de siglo se había concretado una red completa de exportación de azúcar por el puerto, cuya importancia se apreciaba a simple vista en los enormes almacenes del Quinto y Santa Isabel en Regla.
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| Primer Ferrocarril en Cuba |
De esa manera, el centro se fue desplazando desde el puerto hasta la zona que hoy ocupan el paseo del Prado, el Parque Central y el Parque de la Fraternidad, sobrepasando las murallas que ya eran militarmente obsoletas y comenzarían a demolerse en 1863. Esta zona de ensanche continuó aumentando en población durante la segunda mitad del XIX, donde además se produjo un verdadero aluvión de innovaciones urbanas, como el alumbrado público por gas (1848), el telégrafo (1851-1855), el transporte público de tracción animal (1862), el acueducto de Albear (1874-1893), premiado con medalla de oro en la exposición de París en 1889; el servicio telefónico (1881), con el antecedente de su invención en La Habana por el italiano Antonio Meucci; y el alumbrado eléctrico, en 1890.[14]
Otros de los modelos importantes que se desarrollan en la vivienda del siglo XIX son las casas-quintas, que se ubican en las nuevas zonas de desarrollo correspondientes a la expansión de la ciudad como por ejemplo la Ermita de los Molinos vinculada al Paseo de Tacón, hoy paseo de Carlos Tercero. La quinta de Santovenia en el Cerro, que es una de las primeras zonas hacia donde se expande el desarrollo de la ciudad. En este contexto, se abre la vivienda hacia el exterior y la fachada se sombrea al abrir el portal como espacio amplio techado para disfrutar de la brisa.
En el siglo XIX con la expansión de la ciudad hacia nuevos espacios, El Cerro y El Vedado, se cambian elementos de fachadas y se elevan cada vez más los puntales, esto forma parte del proceso de asimilación de las influencias exteriores al insertarlo en el modelo hispano mudéjar, que se desarrolla y transforma según las características de cada lugar y con los parámetros estilísticos de cada momento. Además, se da una transformación vinculada a los criollos productores de azúcar, industria fundamental del país, que quieren expresar su poderío económico y lo expresan a través de sus propiedades vinculadas a la producción o al desarrollo de sus actividades cotidianas.
La construcción de viviendas y servicio aumentó y aparecieron focos de urbanización más al Oeste de la Calzada de Belascoaín, pasando por encima de viejas restricciones defensivas. Cerca del pequeño castillo de La Chorrera, que protegía la desembocadura del Almendares, principal río de la ciudad, comenzó a urbanizarse el reparto de El Carmelo (1859) y al año siguiente El Vedado, que se continuaría en 1883 con Medina en un conjunto que tomó finalmente el nombre genérico de El Vedado.
Las manzanas correspondientes a Belascoaín, Lucena, Márquez González y Oquendo son urbanizadas oficialmente a partir de 1880 pero todo lo que se conoce como barrio de San Lázaro, tenía un área para uso comunal que correspondía con la manzana 17 y que después se convertiría en el conocido Parque Trillo. Esta zona no fue preferida por la floreciente burguesía criolla que se instalaba en las zonas periféricas.
Como parte del proceso de compactación y expansión urbana, los sectores acomodados fueron abandonando el centro, cada vez más poblado por personas de bajos ingresos. Este éxodo, apoyado en el desarrollo del transporte, se justificaba en parte por razones higiénicas (sobre todo después del cólera), pero además reflejaba la búsqueda de un estatus social visible. De esta forma, la segregación social adquirió una correspondencia en el marco físico, y se perdió la compactación de la población en el recinto amurallado.
Plano de la Habana, 1850
Hay diferencias entre la ciudad intramuros y la ciudad extramuros, los elementos que se construyen a finales del siglo XIX hacen que la ciudad se abra y que se desarrolle a partir del siglo XX cambiando algunos de los símbolos de la misma. En 1863 se demuele la muralla provocando el crecimiento de la ciudad extramuros, aparecen nuevos servicios y elementos importantes que transforman la imagen de la ciudad, como por ejemplo el Hotel Plaza, Inglaterra (finales del siglo XVIII-XIX), estructuras importantes que jerarquizan la ciudad y contribuyen a cambiar su imagen como se ha expresado antes. Un elemento de valor en la arquitectura que se mantiene en el tiempo es el portal, debido a la importancia de proteger del sol y de la lluvia, es por esto que Alejo Carpentier llamó a la ciudad La ciudad de las columnas.[15]
La trama antigua de la ciudad se desarrolló a partir de una trama compacta, regular, con calles estrechas, relativamente seca pues carece del área verde (que estaban al interior en la edificaciones), siendo elementos importantes para su conformación las plazas como por ejemplo la Plaza de Armas, la Plaza Vieja (de carácter doméstico), siendo estos los elementos más relevantes del desarrollo urbano de la ciudad.
Este modelo de urbanización seguía la línea de los ensanches contemporáneos de las grandes ciudades europeas, en lo que probablemente influyó el contacto que mantenían sus promotores con el catalán Ildefonso Cerdá, autor del Plan de Ensanche de Barcelona y pionero del urbanismo moderno. El Vedado fue un caso raro de crecimiento urbano en La Habana en el sentido Oeste-Este, contrario a la expansión general de la ciudad desde su núcleo original junto al puerto. Para 1920, La Habana había adquirido ya una imagen urbana monumental destacada en el contexto latinoamericano, seguida de cerca junto a Buenos Aires por ciudades de México y Lima
A finales del siglo XIX La Habana vive los últimos momentos de la colonización española en América, que se cierra definitivamente cuando el acorazado norteamericano Maine es hundido en su puerto dando a los Estados Unidos el pretexto para invadir la isla. El cambio de siglo transcurre en La Habana, y por lo tanto en Cuba, bajo la ocupación y el gobierno de los Estados Unidos.
Primera mitad del siglo XX

Puerto de la Habana a principios del siglo XX

Con la llegada del siglo XX y la intervención norteamericana se incrementó la presencia de compañías constructoras, sean estas de origen norteamericanas, españolas o cubanas, las cuales contribuyeron a la formación arquitectónica de la ciudad; ampliando en su sistema constructivo las estructuras metálicas, técnicas como el hormigón armado, el colado, el moldeo, el machihembrado, el tingladillo con materiales como el yeso, el cemento, el acero, la piedra artificial, que tributaron a la ampliación del panorama expresivo de nuestra arquitectura y de la imagen de la ciudad.
A principios del siglo XX se hace una búsqueda de la arquitectura relacionada con la tradición, no sólo en los servicios, en los edificios públicos, sino también en la alta burguesía, en la burguesía media y en la vivienda popular. Estas construcciones constaron con personal formado en las escuelas profesionales, así como arquitectos e ingenieros formados en la Europa y sobre todo en los EEUU, trayendo como consecuencia la complejidad técnica en las obras y la fundación en 1900 de la Escuela de ingenieros, electricistas y arquitectos. Con el propósito de cada arquitecto de crear modelos irrepetibles coexistieron en La Habana edificios con diferentes estilos, neomoriscos, neobarrocos, art nouveau, así como la construcción acelerada de hoteles, fabricas, oficinas, edificios de apartamentos, bancos, sociedades culturales, teatros, cines y viviendas, por lo que se llegó a calificar a La Habana como el vértigo de la piedra.
Hotel Nacional, La Habana
En todo este maratón de construcciones, el Estado apenas invertía porque el capital provenía fundamentalmente de las compañías norteamericanas[16]. Con este capital privado se fue desarrollando zonas como el Vedado o Miramar que entre otras se encontraban en la periferia de la ciudad, bajo el paradigma estético norteamericano. De todo esto comenta el arquitecto cubano Joaquín Weiss “la reacción contra España debía excluir tanto su arquitectura como la nuestra derivada de ella. La joven república quería lucir nuevas galas y repudiaba todo traje que le recordara su pasado histórico”.[17]
Dentro de esta monumentalidad arquitectónica existía un fin explícito, un programa ideológico donde la huella norteamericana marcaría sus raíces identitarias con códigos como Meaux Arts que tras el éxito de la World Columbian Exposition floreció en los Estados Unidos por los años 1893, así vemos edificios como la Ter minal de Trenes 1912, La Aduana 1914,y el Hotel Nacional 1930 ,otros edificios con el diseño de arquitectos norteamericanos en la Habana fueron el Hotel Sevilla Baltimore 1921, The Nacional City Bank of New Cork 1925, edificado sobre las ruinas de lo que fue el convento de las Catalinas el la Habana Vieja, El casino Nacional, El American Jockey Club y la Concha en Marianaó en 1928 estos últimos diseñados por Schutte And Wearver similares a los de Miami y los Ángeles.
Poco a poco se fue imponiendo el modo de vida norteamericano, con sus gustos, confort y mentalidad, que coinciden con el deseo de transformar la imagen citadina y el centro urbano, paradigma de la nueva vida republicana.
Durante las primeras décadas de este siglo, La Habana duplicó su población, que pasó de un cuarto de millón a medio millón de habitantes. El crecimiento físico de los “repartos” residenciales, constituyó un proceso espontáneo determinado por especuladores y propietarios de tierras. La ciudad, carente de un diseño unificado orientado por planes estatales, se configuró por la edición de una trama diversificada, con algunas preeminencias monumentales. Esta traza irregular no estaba a tono con la imagen requerida por la clase dominante; no era acorde al incipiente movimiento turístico (250.000 visitantes anuales) que comienza a desempeñar un papel económico significativo, ni permitía una solución válida a la escasa vinculación existente entre las nuevas áreas de expansión del hábitat burgués y las funciones político-administrativo-culturales.
Se desarrollan grandes espacios urbanos y paseos arbolados en las primeras décadas del siglo XX. Hay un cambio de los elementos estilísticos, la iglesia de Reina con su estilo neogótico y la Universidad de La Habana ubicada en un sitio alto donde la perspectiva juega un papel importante en el diseño constituyen hitos dentro de la ciudad. Otros elementos importantes son el Teatro Nacional (Sala García Lorca) de carácter neobarroco, y la terminal de trenes con estilo de renacimiento español.[18]
En las primeras décadas del siglo XX hay elementos que jerarquizan la vivienda dentro de la ciudad, aunque se mantienen elementos de la vivienda anterior, se asimilan varias influencias, se da una relación diferente entre el edificio y la calle a partir de la presencia del jardín. Hasta el momento el patio había sido un elemento importante en el desarrollo de la arquitectura interior, se cambia el estilo de vida y ahora surgen nuevos elementos expresivos del poder de la nueva aristocracia, como la escalera en los espacios principales de la casa, los jardines que separan la edificación de la calle aumentando la privacidad, vinculados a la etapa de la influencia ecléctica, llamada a veces neocolonial ecléctica por la confluencia de elementos.
Desde que los Estados Unidos tomaron la isla, la ciudad creció y se enriqueció con numerosos edificios en los años 30, cuando se construyen suntuosos hoteles, casinos y esplendidos clubes nocturnos. Ante los hoteles y restaurantes, los Cadillac y Crevrolet aparcan en triple fila aguardando, a los botones. Por aquel entonces, el dinero de la mafia servía por lo menos, para embellecer la Gomorra de las Antillas. Pero los barrios de barracas que rodeaban la ciudad se desarrollaban al mismo ritmo. La Habana se convirtió en capital del juego y de la corrupción. Una galería de retratos en blanco y negro de personajes de aquella epoca adorna , hoy todavía, los muros del bar del Nacional. Puede verse a Frank Sinatra y Ava Gardner, al torero Dominguín, a Marlene Dietrich y Gary Cooper, y otros muchos: mafiosos y artistas se mezclaban en una frágil felicidad.[4]
El inicio de la modernidad en Cuba se da a partir de los años 20, con la entrada del Art Decó, ejemplo característico de este momento lo es el edificio Bacardí o la Compañía de Teléfonos. El Art Decó se extiende por la ciudad, se desarrollan los edificios por apartamentos que tienen gran importancia dentro de la arquitectura de los años 30 y 40, también se construyen edificios vinculados a otras funciones como el cine (Teatro Fausto), otros temas desde la industria hasta el cementerio, considerado particularmente el Cementerio de Colón en la ciudad de La Habana por los valores de su arquitectura como Monumento Nacional, (tumba de la Familia Falla–Bonet, expresión del Art Decó).[18]
Con el periodo de gobierno de Gerardo Machado (1925-1933) y como Ministro de Obras Públicas Carlos Miguel de Céspedes, se emprende el proyecto del Plano de la Habana con la ayuda de Forestier, arquitecto y paisajista francés. Se perseguía transformar el rostro colonial de la ciudad, repleto de calles sin orden, en una ciudad moderna, inspirada por los conceptos norteamericanos a fin de hacer de La Habana un centro turístico y un centro monumental de referencia en el área del Caribe y América Latina. El proyecto consistía en la unión de la capital con la periferia, la evocación de un centro urbano y la conservación del centro histórico. El eje central se articula en torno a una nueva plaza, la de la República, con anchas avenidas con los que se formarían una gran cruz urbana; la que se dirige hacia el este articularía la nueva terminal marítima y ferroviaria en la bahía de Atares, el cual constaría de un lago que se complementaría con el arbolado, tres anillos concéntricos y un sistema de vías radiales y diagonales, con frecuencia ajardinados, estaban previstos para unir transversalmente los nuevos barrios y la costa oeste de Miramar con la parte Este (La Habana Vieja, La Víbora, El Cerro y Regla). Pese a lo optimista y grandioso del plan, su aplicación no trascendió más allá del diseño de fragmentos urbanos – plazas, parques, paseos y componentes del mobiliario – acordes con las necesidades inmediatas del “decoro” requerido por el Gobierno del momento, y truncadas por la crisis del 29.[7]
El Capitolio
El paradigma arquitectónico que articularía este proyecto seria el Capitolio Nacional[19], réplica del de Washington (1929) caracterizado por el más severo clasicismo y monumentalidad devenido en símbolo del poder en un país inmerso en una profunda crisis económica y política.[17]
La característica de la arquitectura cubana de tratar de resistir la asimilación de las formas del movimiento moderno hace que las formas del Art Decó permanezcan hasta los años 40-50, por lo que se da en la arquitectura popular cuya decoración es más barata y fácil de hacer que la ecléctica, paulatinamente van apareciendo elementos de geometrización en las fachadas.
La arquitectura de los años 40 expresa una relación tradición-modernidad, se retoma la relación interior-exterior adquiriendo de nuevo gran importancia los patios interiores. Arquitectos como Eugenio Batista, Nicolás Quintana vinculan lo tradicional con lo moderno, y de esta forma la ciudad de La Habana se transforma en una ciudad moderna, en cierta medida preparada para los vaivenes a los que será sometida en la segunda mitad del siglo XX.
Segunda mitad del siglo XX
Desde el triunfo de la revolución en 1959 se hicieron grandes transformaciones, principalmente en lo que afecta a los servicios, la construcción de viviendas sociales y edificios oficiales, pero, por lo que respecta a la topografía de La Habana, se puede seguir describiendo de acuerdo a las mismas grandes áreas anteriores a la revolución, aunque añadiendo alguna más.
En la arquitectura de los años 50 se destacan los arquitectos Fernando Salinas y González Romero, proyectistas de un grupo amplio de viviendas donde combinan los techos planos e inclinados, el ladrillo a vista y algunas formas curvas que provienen de las formas curvas del racionalismo.
El Vedado
Como tema importante a desarrollar se encuentra el de la vivienda. Se proyecta la unidad vecinal Camilo Cienfuegos (Habana del Este), zona que se había empezado a urbanizar antes del 59 provocado por la construcción del túnel de la Bahía. Asimismo, continúa el crecimiento de la ciudad hacia el oeste ampliándose el barrio de El Vedado. Hubo un gran desarrollo de las viviendas campesinas, debido al impulso de la producción agrícola que se dio en el país, se tratan de llevar al campo las tipologías urbanas recreando las tipologías campesinas.[20]
Otro de los conjuntos importantes proyectados y construidos a principios de la Revolución es el de las Escuelas de Arte, (Artes Plásticas, Música, Danza, Artes Escénicas y Ballet), donde se busca una relación con la cultura local a través de los materiales empleados como ladrillos, losas de barro y otros. También podemos destacar en esta década El Instituto Superior Politécnico "José Antonio Echeverría", que se construye también en los años sesenta como necesidad de ampliar la universidad, en esta construcción se desarrollan una serie de esquemas como búsqueda de un espacio abierto interconectado, expresión de la nueva arquitectura que predominará en estos momentos.
Hay una voluntad de cambio en el territorio vinculado al desarrollo económico del país, se crea el instituto de Planificación Física con el objetivo de comenzar un arduo trabajo de planeamiento en el territorio encaminado al desarrollo de la infraestructura necesaria para fomentar el desarrollo agrícola del país.
Un tema a destacar es el de los puentes y túneles. Además del demolido “Puentes Grandes” del siglo XIX o el “Asbert” todavía activo, encontramos el Túnel de la calle Línea o del Almendares como lo nombró el proyectista por ser el primero, fue inaugurado a mediados del año 1953 y es una obra de ingeniería cubana concebida y proyectada por ingenieros exclusivamente cubanos y enlaza La Habana con Miramar. Estas soluciones han sido bien acogidas por el pueblo, pero no hubo una decisión para resolver el problema de llegar a la zona este de la bahía de La Habana sin tener que bordear toda la costa, tema discutido desde principios de siglo, proyectándose un puente que no fue aprobado, y hubo que esperar a 1954 para que una compañía francesa, que no sólo presenta un proyecto, sino que ofrece el financiamiento y el presupuesto de las obras le fuera otorgada la licencia, considerándose “Obra Magna de la Gran Habana del Este”. Pocos años después se realizaron el túnel de la calle Calzada. Después de más de 40 años de explotación los tres túneles continúan prestando servicio, hecho que demuestra la calidad de los proyectos y de las construcciones originales ejecutadas, surgida de la colaboración francesa y estadounidense con los arquitectos cubanos.
[21]
Recreación de una aldea Taina en Guamá
En 1959 se crea el Instituto del Turismo, se construye el Centro Turístico Guamá que trata de recrear una aldea Taina con elementos escultóricos como imagen de la vida de los indios, se construyen pequeños moteles, instalaciones en las playas, instalaciones deportivas, todo ello enfocado a los visitantes que, hoy por hoy parece una zona aparte de Cuba, tiene una apariencia de aislamiento que hace recordar a los asentamientos anteriores a la llegada hispana, se busca una recreación de su vida, de sus ritos, de sus casas de madera, buscando un atractivo que los turistas acogen con gran interés.[22]
En estos momentos se dio importancia al desarrollo de la arquitectura escolar, se construyen escuelas en áreas rurales, edificaciones militares, lo cual tiene un gran auge en los años setenta. Se diseña el Sistema Constructivo "GIRÖN", que trató de cubrir todos los programas de construcción de escuelas desde primarias hasta la universidad, constituyó un sistema prefabricado muy usado en distintos temas por lo que se trató de identificarlos a través del color para tratar de desarrollar una nueva variedad. En algunos territorios las escuelas en el campo fueron un punto importante en el desarrollo de la educación al incorporar el proceso de enseñanza producción, instalaciones como el palacio de pioneros del Parque Lenin forman parte de esta estructura educacional. También se construyen hospitales en las montañas y en zonas urbanas como por ejemplo el Hospital Hermanos Amejeiras. Como parte de los planes de atención primaria a la salud a nivel de barrio, se insertan en la arquitectura de los años 80 las casas del médico y las enfermeras de la familia.
Se industrializó la construcción para poder enfrentar la demanda de viviendas, se utilizaron varios sistemas prefabricados como el Sistemas Sandino, IMS, E-14, Gran Panel, dando lugar a urbanizaciones como Alamar u otras con edificios altos como por ejemplo el Vedado donde se usaron Moldes Deslizantes.
En los años 80 se comienza el cuestionamiento al proyecto típico y empezaron a realizarse nuevos proyectos con ideas frescas con respecto al desarrollo de las urbanizaciones con proyectos no típicos como por ejemplo Las Arboledas cerca del Hospital Nacional.
Se intenta renovar la construcción de viviendas y se logra un ambiente diferente en cuanto a la estructura espacial y la arquitectura mediante El conjunto de La Villa Panamericana. Construida en 1991 en La Habana del Este, se insertan los edificios en una cuadrícula como la utilizada en la arquitectura tradicional, con un paseo intermedio.
Algunos edificios importantes construidos después del triunfo de la Revolución son:
Pabellón Cuba, área de exposiciones en el Vedado (1963); Coppelia, heladería especializada en el Vedado ubicada en la calle L y 23, punto privilegiado dentro de la ciudad (1963); Palacio de las convenciones , ubicado en una zona residencial, Miramar (1979); el Jardín Botánico Nacional, Zoológico Nacional, Parque Lenin, Expocuba (Zona recreativa ubicada en la periferia de la ciudad, 1970) y demás construcciones para el ocio.
Surge además la Escultura Monumentaria, que tiene como objeto la recordación de fechas históricas. Ejemplo de esto podemos citar El Memorial Granma en el centro de la ciudad, Memorial dedicado a Antonio Maceo y Grajales en el Cacahual, Fuente de la Juventud (vinculada a la celebración en Cuba del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en 1978).![]()
Barrio de La Habana Vieja
La Habana se empieza a convertir en una ciudad vieja en la que la inversión privada interior no existe debido a las ataduras del régimen revolucionario, por tanto esta labor debe ser del Gobierno, y en el intento de transformar y recuperar a la ciudad surgen planes de rehabilitación de los barrios como por ejemplo el Plan de Reanimación de Cayo Hueso en el Municipio de Centro Habana. Estas intervenciones tienen como objeto la mejora de la calidad de vida de la población[23]. Otro ejemplo son las intervenciones que se efectúan en el Centro Histórico de La Habana Vieja, donde en apenas 10 años se ha dado un cambio a la imagen del lugar aunque aún son muchas las acciones que faltan por hacer, ya que la imagen de Centro Habana y algunas zonas de la Habana Vieja son de edificios de no más de un siglo rotos por el tiempo y el descuido[18].
A finales de los años 90 se comienza a introducir un nuevo tema en el desarrollo de la arquitectura y es el referido a los edificios de inmobiliarias. Se sugiere la ubicación de esta función en algunos edificios construidos para favorecer la rehabilitación del patrimonio, y en algunos casos del patrimonio de alto valor histórico como por ejemplo el edificio de La Lonja del Comercio en el Centro Histórico. Otros proyectos actuales se ubican en la zona residencial de Miramar.
Con el paso de los años, La Habana ha ido cambiando, pero esta transformación en el tiempo se ha dado de forma que es posible reconocer en la ciudad la huella que han dejado en ellas las distintas generaciones en el proceso de su desarrollo. Durante esta época revolucionaria no se suceden grandes obras arquitectónicas, y sólo es a finales de siglo cuando se busca una nueva imagen para la ciudad.
La fuerza que tuvieron las intervenciones a principios de la revolución hacia las afueras de la ciudad, hacia las zonas agrícolas, provocaron que la ciudad se quedara sin la atención adecuada debido a lo cual la ciudad está ahí, cada barrio es distinto en su forma pero tienen rasgos comunes que los identifican, aunque el nivel de deterioro es grande se realizan esfuerzos importantes por la mejora de la ciudad y como principal elemento la mejora de la población que la habita.
La actualidad – proyectos para La
Habana
Como herencia reciente en el siglo XIX en los últimos años del siglo pasado han existido algunos principios fundamentales en el proceso de transformación de la ciudad, Muchos de los cuales tienen una gran repercusión en la actualidad.
- La recuperación de la ciudad como conjunto.
- El gobierno cubano declara el centro histórico de La Habana monumento nacional en 1976.
- Se declara La Habana como Patrimonio de La Humanidad en 1982.
- Se crea el Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital, que tiene su sede en el edificio donde se ubica la maqueta de La Habana.
- Se destina a la Oficina del Historiador la labor de reconstrucción y mantenimiento del centro histórico de la ciudad.
- Hay una creciente preocupación por atraer inversiones extranjeras para el negocio turístico
Se comienza un desarrollo importante en el tema del turismo, aparecen nuevas construcciones y otras se rehabilitan como por ejemplo: el hotel Comodoro, Marina Hemingway, fuera de La Habana hoteles en Varadero (Cuatro Palmas, Meliá Varadero), hotel Santiago, ejemplo de la arquitectura cubana actual aunque es bastante polémico la esencia de su diseño, ya que están realizados con inversiones externas, la mayoría de las veces también con arquitectos extranjeros, empresas generalmente europeas, en donde el régimen sí acepta la apertura, para fomentar el turismo y seguir haciendo de Cuba un destino atractivo, pero no permite esta apertura e inversión privada en casi ninguna actividad económica más.
Por tanto, con los ingresos provenientes de la explotación del turismo, de los recursos terciarios e inmobiliarios, del cobro de servicios culturales, y de los impuestos a empresas productivas enclavadas en el territorio y a trabajadores por cuenta propia, se han fomentado significativos niveles de inversión en el área, sobre todo, en la recuperación de edificios de valor patrimonial destinados a las propias instalaciones turísticas, programas de viviendas y otras obras sociales.
El nuevo modelo de gestión de recursos ha propiciado que, en las últimas dos décadas, el conjunto de bienes y servicios del Centro Histórico produjera como ganancia 150 millones de dólares invertidos en el propio territorio y en obras realizadas en otras partes de la ciudad. De esa forma el 45 % de esos recursos se destina a proyectos productivos, el 35 % a programas sociales y el resto a contribuir con otros sitios de La Habana y la nación.
Maqueta de la Habana
Otra iniciativa destacable fue la creación del Grupo de Desarrollo Integral de la Capital y la construcción de la gigantesca maqueta de La Habana (en escala 1:1000), se justificó en el objetivo de crear una mayor conciencia del valor de la ciudad, estético y cultural, tanto para la población como para los dirigentes políticos[24] Se trata de una maqueta de enormes dimensiones que puede visitarse en el barrio de Miramar. Tiene tres colores distinguibles, uno para los edificios de la época colonial, otro para los de la república, y otro para los edificios de la época revolucionaria, que son los que ocupan una parte menor.[25]
Hoy, La Habana tiene dos millones de habitantes. Y las tres cuartas partes de todos ellos tienen menos de 20 años. Para ellos, La Habana cambia casi año tras año, con la apertura al turismo. Los hoteles de antaño, cerrados durante treinta años, brillan de nuevo con todas sus luces. Al mismo tiempo, hay cortes de electricidad (apagones) para hacer economía.
En nuestros días, la obra de rehabilitación deja a su paso conjuntos y sitios urbanos totalmente reanimados. Las acciones realizadas han mejorado las condiciones de vida de la población mediante cambios que favorecen el medio ambiente, el desarrollo cultural y turístico, la revitalización de los valores históricos y arquitectónicos, y la accesibilidad y centralidad del territorio.
En el Centro Histórico, los programas sociales diseñados en el país cobran un matiz especial. La Habana Vieja es, uno de los enclaves donde se verifica de inmediato la voluntad política de propiciar el bienestar social. Sus escuelas, museos, bibliotecas, centros culturales, cumplen más allá de sus funciones, un educativo así como dinámico de la comunidad en su entorno, con el fin de propiciar a los habitantes de la ciudad antigua un modo digno de vivir. Niños, gestantes, discapacitados, anciano, en definitiva los sectores más vulnerables de la población residente, encuentran apoyo aquí para sus situaciones particulares. Son atendidos problemas sociales de alta sensibilidad, haciendo hincapié en el bienestar de las familias, núcleo principal de la sociedad.
En plena reconstrucción, La Habana, ciudad que expresa un diseño universal, propone una conciliación entre su aspecto exterior y el mundo interior donde se gestan y afianzan los rasgos de un patrimonio intangible pero presente. Si en el siglo XIX fue un emporio cultural por su carácter de núcleo capitalino, en el XXI continúa siéndolo, además, por la actual estrategia de su restauración.
La fusión entre europeos, africanos y aborígenes en un inicio, junto a otros componentes étnicos y culturales más contemporáneos, modelaron el perfil y los rasgos de identidad, no sólo de la ciudad, sino de una Nación mestiza en la sangre y en el espíritu. De ahí esa mezcla de estilos que hacen de La Habana esa ciudad que refleja muchas ciudades, esa ciudad donde hoy es posible dar una lección completa de la historia de la arquitectura y del urbanismo y no sólo para hablar de un pasado glorioso, sino también de un esperanzador futuro.[21][26]
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La Habana en la actualidad |
Referencias
- Resumen obtenido del Ministerio de Cultura de España
http://www.mcu.es/archivos/urbanismo_WAI ) - Foto: Puerto de la Habana
http://www.habanaelegante.com/Winter2001 /Portus3.jpg - Foto: El Templete
http://www.euskonews.com/0335zbk/argazki ak/kosmo33501_01.jpg - La ciudad de las columnas. Alejo Carpentier
http://www.lajiribilla.cu/2002/n47_marzo /1228_47.html - Foto: Antiguas Murallas de la Habana
http://www.vitruvius.com.br/arquitextos/ arq000/imagens/175_0 6.jpg - Foto: Puerto de la Habana en 1567
http://www.geocities.com/rooms_havana/im g/msc/puerto.jpg - http://www.periferia
.org/history/despegu e.html - Breve reseña sobre la imagen de la ciudad de la Habana. Ada Esther Portero Ricol
http://editorial.cda.ulpgc.es/construcci on/7_habana/C55/c55. htm - Foto: La Habana en 1691
http://www.geocities.com/rooms_havana/im g/msc/ciudad.jpg - Foto: Plano de La Habana de 1746
http://www.armada15001900.net/p6ima6.jpe g - Foto: Puerto de la Habana, siglo XIX
http://bp3.blogger.com/_cr9IcACNA3k/R0ht oE0dqHI/AAAAAAAAAHE/ 4CBQRuQ8rRQ/s1600-h/ habana1950.JPG - La influencia norteamericana en la arquitectura habanera (1898-1959)
Francisco D. Morillas Valdés y Marlene Marjorie Del Valle Torres • La Habana
http://www.lajiribilla.cu/2005/n226_09/f uenteviva.html - Paseo del Prado (1900-1915)
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http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/ trenes/cuba1835.jpg - Imagen: Plano de la Habana, 1850
http://www.geographos.com/mapas/fotos/La Habana_1850.jpg - Imagen: Hotel Nacional, La Habana
http://www.cuba-rentacarros.com/images/h otel/nacional/nacion al-01.jpg - La Ciudad de La Habana en: Ciudades, Pueblos y Lugares Cubanos
http://www.guije.com/pueblo/habana/index .htm - Cubanaweb.com
http://www.cubanaweb.com/habana.html - Imagen: Capitolio Nacional, La Habana
http://www.paseosporlahabana.com/images/ art/capitolio-nacion al.jpg - Imagen: El Vedado desde el hotel Habana Libre
http://bp3.blogger.com/_r3nU4eeSt_Y/SAHB L9axz0I/AAAAAAAAADY/ u7VIgndSwEk/s400/ved ado1.jpg - Texto sobre rehabilitación del centro histórico de la habana del Forum de Barcelona 2004.
http://www.biospherehotels.org/tourism20 04/pdf/final/Eusebio Leal.pdf - Imagen: Recreación de una aldea Taina en Guamá
http://skywalker.cochise.edu/cte/MAGAZIN E/CUBA/Matanzas-Alde a%20Taina%20Guama.jp g - Imagen: barrio de la Habana Vieja
http://www.plataformaurbana.cl/wp-conten t/uploads/2008/02/15 25930436_s5022556.th umbnail.jpg - Imagen: Maqueta de la Habana
http://re-orientation.com/img/galeriaHab /05x04_2006_maqueta_ habana.jpg - La Habana Colonial
http://www.angelfire.com/me/ZayXena/haba nacolonial.html - Imagen: La Habana en la actualidad
http://www.cubantrip.com/ENG/images/maps /maphavane.gif










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